13.08.2026

Sindicatos debaten cómo enfrentar la implementación del Acuerdo UE-Mercosur

Se realizó en Montevideo un Seminario Internacional para intercambiar perspectivas entre sindicatos, gobiernos, la academia y organizaciones de sociedad civil.

La implementación del Acuerdo Unión Europea-Mercosur será una etapa decisiva para las y los trabajadores de ambas regiones. Con esa premisa, representantes sindicales, de gobiernos, academia y organizaciones sociales se reunieron en Montevideo los días 27 y 28 de julio en el Seminario "Acuerdo UE-Mercosur: el desafío de su implementación", un espacio para intercambiar perspectivas sobre los desafíos y oportunidades que abre su entrada en vigencia.

El encuentro fue organizado por el Centro Regional Sindical de la Fundación Friedrich Ebert (FES), la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS) y el PIT-CNT. Participaron organizaciones sindicales de Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay y Alemania, además de representantes de la Delegación de la Unión Europea en Uruguay, la Cancillería uruguaya, el Ministerio de Trabajo de Brasil, la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas, representantes de Global Unions, entre otros organismos.

Una nueva etapa, no un texto cerrado

Svenja Blanke, directora del Centro Regional Sindical de FES en América Latina y el Caribe, marcó el tono del seminario: la implementación abre un escenario de construcción institucional que va más allá de aplicar un texto. "No se trata de aplicar un texto sino de cómo se traduce en políticas públicas, mecanismos internacionales y en la vida, el trabajo, en los diferentes países", planteó.

Para Marcelo Abdala, presidente del PIT-CNT, el desafío se inscribe en un contexto de "policrisis" ambiental y de distribución de la riqueza, que también golpea a la acción sindical internacional. Su llamado fue directo: "hay que reinventar los sueños, comunicarlos con otro lenguaje".

En la misma línea, Quintino Severo, secretario general de la CCSCS, reivindicó "la lucha constante y consistente en la defensa de los derechos de la clase trabajadora y el pueblo de América Latina de vivir dignamente".

Miradas desde la academia: autonomía, periferia y cobertura mediática

La mesa académica estuvo integrada por Nora Rohde (DGB, Alemania), la Dra. Julieta Zelicovich (Universidad Nacional de Rosario, Argentina), el Dr. Damián Rodríguez (Universidad de la República, Uruguay) y Lucas Ribeiro Mezquita (PPGRI-UNILA). Discutió el lugar del acuerdo en la disputa geopolítica global y en el debate público.

Zelicovich planteó que el acuerdo cumple, ante todo, una función de posicionamiento internacional para el bloque europeo: "El acuerdo le sirve a la UE para mostrarse como un polo de poder internacional".

Rodríguez propuso pensar la autonomía estratégica europea desde la periferia: "la autonomía estratégica europea emerge cuando Europa deja de asumirse como centro y pasa a ser semi-periferia", señaló, y agregó que la interdependencia económica que trajo la globalización hoy está en disputa, con un uso cada vez más coercitivo e ideológico del intercambio comercial. Para el académico, "pensar la autonomía desde la periferia no solo amplía el debate, sino que permite interpretar mejor los límites de la cooperación y de la autonomía estratégica de Europa".

Mezquita aportó una mirada sobre la cobertura de prensa del acuerdo: el tono general ha sido predominantemente positivo, pero se vuelve más crítico cuando se aborda el trabajo o los derechos laborales. Con todo, advirtió, quienes son consultados sobre esos temas rara vez son las y los trabajadores: "los más citados son otros hablando sobre eso".

Desde la política sindical europea, Rohde (DGB) advirtió sobre el impacto en el empleo y sobre el riesgo de que las asimetrías se profundicen: "vemos el peligro de que las asimetrías existentes continuarán y hasta se pueden acentuar". Señaló que la autonomía estratégica es también "un problema fundamental" para Europa, que hoy prioriza proteger sus cadenas estratégicas de creación de valor con inversión pública, una política industrial que el DGB respalda. Aun así, remarcó el valor de que grandes bloques cooperen: “para el movimiento sindical es clave que las democracias trabajen juntas para elevar los estándares sociales y ambientales”.

Impactos y asimetrías: el análisis del Acuerdo

Viviana Barreto, directora de Proyectos del Centro Regional Sindical de FES para América Latina y el Caribe, y Marita González, de la CCSCS, centraron su intervención en los riesgos de fondo del acuerdo. Barreto fue clara sobre los límites que no deben cruzarse: "los compromisos ambientales no pueden ser jugados como carta de cambio para jugar al proteccionismo".

González, por su parte, cuestionó la matriz estructural del vínculo birregional: "hay una colonialidad del poder, mantenemos la matriz extractivista y subordinación periférica". Frente a ese diagnóstico, planteó una pregunta que atraviesa al movimiento sindical: "¿cómo lo vamos a tomar nosotros como movimiento sindical? El imperativo es cómo coordinar, de lo contrario es imposible una inserción internacional exitosa".

Un acuerdo con pilares pendientes

Uno de los ejes más discutidos fue el desbalance entre las dimensiones del tratado. Martín Ford, secretario general de AEBU y secretario de Relaciones Internacionales del PIT-CNT, advirtió sobre el riesgo de que el acuerdo termine siendo comercial antes que un verdadero proceso de integración: “el único pilar vigente hasta ahora es el económico, mientras los pilares políticos y de cooperación siguen pendientes de aprobación, la región continúa exportando materias primas mientras Europa exporta tecnología y manufacturas".

Christoph Mädge, de la Unión de Minería y Energía (IGBE) de Alemania, fue enfático sobre qué condiciones legitiman al acuerdo: "Un buen acuerdo solo existe si los actores sociales y los sindicatos pueden tener control". Y agregó una definición que resume buena parte del debate: "El acuerdo no puede ser un acuerdo de dependencia, sino fomentar una asociación que potencie ambas regiones".

Natalia Carrau, de Redes Amigos de la Tierra, llevó el debate a la dimensión ambiental y cuestionó qué preguntas quedaron afuera de la discusión: "cuando decimos que un tratado de estas características puede afectar o profundizar la crisis ambiental si no se piensa en salvaguardas, lo que tiene que cambiar es el modelo productivo. Estos acuerdos pueden profundizar el modelo o cambiarlo. Esas preguntas no estuvieron sobre la mesa".

Otras intervenciones pusieron el foco en dimensiones menos visibles del debate público: la justicia tributaria sobre la renta de los sectores exportadores. Diego Azzi, por su parte, planteó la relación entre desindustrialización y el avance de discursos de ultraderecha en escenarios de desesperanza social: "la desindustrialización, además de efectos económicos, tiene efecto político; cuanto más la gente está desesperanzada, más se cuelan los mensajes de la ultraderecha".

Desde el gobierno de Brasil, Marcos Perioto, del Ministerio de Trabajo puso el acuerdo en su escala: "estamos en un proceso que va más allá de cifras y cláusulas comerciales, esto afecta la vida de las personas" y subrayó que el significado del acuerdo para el mundo del trabajo es que incorpora los derechos laborales "como parte de la arquitectura del acuerdo mismo".

Fortalecer la coordinación regional

La segunda jornada estuvo dedicada al trabajo interno del movimiento sindical para definir estrategias de diálogo social y construir una agenda común de seguimiento.

Fortalecer el diálogo social, la cooperación y la incidencia para impulsar políticas públicas que reduzcan las asimetrías y promuevan una integración con justicia social y ambiental fue, en definitiva, el hilo conductor del seminario. Porque una integración más justa requiere sindicatos fuertes, participación democrática e incidencia colectiva.

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